Un peligroso dilema cruza la autopista Santiago-Los Vilos en su tramo de 20 km entre Vespucio y el cruce de Lampa y Colina.
La ruta se diseñó y adjudicó con el Manual de Carreteras de 1996 cuando el sector era rural. Hoy quedó dentro de la ciudad debido al crecimiento industrial.
El tramo urbano tiene un flujo superior a los 70 mil vehículos por día (60% son camiones y buses), y un altísimo movimiento de peatones y ciclistas.
La diferencia del nivel del servicio salta a la vista cuando se sale de la moderna Autopista Central y empieza la Autopista del Aconcagua: aparecen paraderos de buses en las vías expresas tomando y dejando pasajeros, que intentan esquivar a los vehículos que circulan a 100 km/hora; decenas de operarios cruzan las tres vías expresas para ir a su trabajo, y vendedores ambulantes que pululan en la ruta.
De 40 fallecidos en 2006 en la ruta hasta Los Vilos, 18 murieron en este tramo urbano de 20 km sin barreras de contención.
En la noche la carretera es como una cueva porque no tiene iluminación y antes de llegar al peaje de Lampa muchos camiones usan la berma como estacionamiento, pasado Vespucio hay un ilegal aparcadero de taxis.
Todas las deficiencias han sido advertidas por la concesionaria al Ministerio de Obras Públicas. El gerente general, Octavio Colmenares, le envió al MOP en noviembre del año pasado un listado de las mejoras que se requieren, avaluadas en US$ 104 millones.
Las obras adicionales están fuera del contrato y por tanto deben ser autorizadas y financiadas por el ministerio.
Lo urgente es confinar los 20 kilómetros para que los vehículos circulen sin interferencias.
También, darles continuidad a las calles locales o caleteras existentes, construir nuevos enlaces y cuatro pasarelas.