Antes no había problemas, simplemente te preguntaban en un formulario si eras terrorista. Luego todos tuvimos que empezar a quitarnos los zapatos. Ahora, en cambio, está prohibido llevar botella alguna encima. Por muy cara que sea su colonia la tendrá que tirar o facturar. Para las LLAA más equipaje a facturar y más controles son 3-4 euros más de costes por pasajero, y esto viene a ser alrededor de la mitad del del beneficio para muchas. ¿Por qué me preocupa esto? Porque como todas están en apuros, las LLAA tienen que reducir los costes, y los de mantenimiento son una parte importante del os mismos. Y me gustaría que se siga revisando los motores incluso más a menudo de lo que estrictamente mandan las normativas. Por eso, aunque puede que sean necesarios tantos controles, me preocupa cómo afectarán las cuentas de la LLAA, mi comodidad como viajero, y mi libertad como persona. Por ejemplo, me pregunto, ¿y si algún terrorista intenta usar unas gafas como arma a lo Padrino III?
Pensando en todo esto, recordé un artículo muy interesante sobre seguridad aérea que hace no mucho leí en el Economist. Para empezar, decía el artículo, que si tanto preocupa nuestra seguridad a bordo, ¿por qué no nos sientan de cara a la cola del avión, como en los aviones militares? Dirán ustedes que el viajero, a diferencia de los militares, paga, y posiblemente no le guste ir marcha atrás. Pero no sé yo si le gustaría ir encajonado como una sardina, y también se ha convertido en práctica habitual.
Puestos, también podríamos repasar las instrucciones de seguridad que amablemente nos dan las azafatas antes de despegar. igual ustedes ya ni se dan cuenta, pero se siguen haciendo en cada vuelo. Pues sepa que el saber dónde están las salidas de emergencia puede incrementar significativamente sus posibilidades en caso de tener que evacuar el avión. De hecho, incluso en desembarcos convencionales, es recomendable elegir siempre pasillo y filas delanteras, para así evitar empujones y pisotones. Eso sí, ni se moleste en comprobar si debajo de su asiento está el salvavidas. Si su avión consigue hacer un aterrizaje de emergencias sobre el agua, seguramente se salvará de todos modos, ya que habrá asistido aun milagro sin precedentes. En toda la historia de la aviación, parece que nunca un avión de tamaño comercial lo ha conseguido. Por ello, tampoco se preocupe demasiado si lleva tacones que puedan estropear los toboganes inflables.
Por motivos de seguridad, las azafatas también suelen indicarnos algo así como: "Por favor, por su propia seguridad, les recomendamos que mientras permanezcan sentados tengan sus cinturones abrochados, aunque las luces correspondientes se hayan apagado". Igual deberían añadir: "y por la seguridad de los demás pasajeros", porque imagínese un objeto de 90 kilogramos volando por la cabina en caso de fuertes turbulencias. Pero, ¿no sería mejor no apagar nunca la lucecita de los cinturones o directamente prohibir levantarse durante todo el vuelo? En tal caso, puede que a algún pasajero le preocupe que sus rodillas puedan sufrir daños irreparables a raíz de la permanente presión contra el asiento delantero, o incluso que puedan llegar a padecer el síndrome de la clase turista!". Vemos, pues, que la seguridad aérea es todo un reto para las diferentes partes implicadas.
¿La solución? Afortunadamente, para este caso, las hay muy simples. Para que nadie se levante durante el vuelo, por ejemplo, basta no recoger las bandejas de la comida hasta casi aterrizar. Es más, en caso necesario, se puede fomentar que los pasajeros beban algo de alcohol, que así tendrán que quedarse adormilados en sus asientos. Pero sin pasarse, que luego hay broncas. O si no, el sobrecargo siempre puede reducir un poco la calidad del aire en cabina, que también sirve como sedante. Pero normalmente todo esto no hace falta, ya que los pasajeros llegan completamente extenuados al avión, después de recorrerse los 5 kilómetros que hay desde el parkin incluyendo gymkhanas como: desvestirse en los rayos-X, no caerse en los autobuses, sortear niños y carritos, mantenerse en las colas, o evitar las azafatas de alguna promoción de tarjetas.
Luego hay otra fase que también me suscita dudas sobre la seguridad aérea: "Por favor, no olviden apagar sus teléfono móviles, ya que pueden causar interferencias con los sistemas del avión". Más de una vez he visto cómo alguna mujer se lo recuerda con preocupación a su marido de apariencia algo despistada. Pero ¿son peligrosos o no lo móviles en el avión?. Porque estoy convencido de que en cada vuelo quedan unos cuantos encendidos, y no quiero creer que esto pueda afectar al rumbo del avión, sobre todo si me voy de vacaciones. Un experto me tranquilizó diciendo que, si de verdad fuesen peligrosos, prohibirán el embarque con móviles, igual que ahora es el caso de los líquidos. Igual sabiendo esto, usted viaja más tranquilo, lo cual creo que es muy importante.
Porque, en mi opinión, seguramente igual o más importante que todas las medidas de seguridad sería evitarles a los pasajeros una pizca de estrés que le causa a uno viajar hoy en día. Un poco menos de retrasos o maletas perdida, y un poco más de información al viajero, posiblemente, posiblemente evitaría más de un infarto que como también he leído recientemente, es una de las principales causas de mortalidad en nuestro país. Y, sobre todo, esto no se reñiría con nuestra comodidad como viajeros, fiel a lo que también se nos dice antes de cada despegue: "esperamos que tengan un vuelo agradable". Esperamos, pues, que pase lo que pase, reine el sentido común por parte de todas las instancias afectadas.